sábado, junio 16, 2007


¡Qué porquería de gobierno!

Resulta que hoy el ilustrísimo ministro Pedro Carreño dijo que no se debía dar autorizaciones a los estudiantes para marchar por el centro de Caracas. Según dijo, porque tenían planes desestabilizadores. ¡Qué bolas! Ahora los chamos tienen planes oscuros para acabar con el presidente, se reúnen en las noches con gente de la CIA y en las madrugadas dan los toques finales a sus maquiavélicos planes para llevar a la anarquía a Venezuela.

Claro, ayer el alcalde de Libertador, Freddy Bernal, había dicho que de ahora en adelante lo pensaría dos veces antes de dar permiso a los jóvenes para marchar. Así que lo de Carreño es algo así como una retroalimentación entre funcionarios del Estado. De repente uno de ellos le está dando casquillo al otro. O simplemente están repitiendo algún libreto que les llega desde arriba y tratan de hacerlo aparecer como original.

Como si no bastara con el bendito decreto de las zonas de seguridad (ésas por las que no se puede marchar), ahora se le quiere poner a los estudiantes una etiqueta para empezar a reprimirlos. Mucho se habían tardado en ponerles etiqueta, si a eso vamos. Oficialmente son desestabilizadores y fascistas.

Ah, pero ya va: los únicos que cometemos ilegalidades no somos los que nos oponemos al régimen. Lo que pasa es somos los únicos a los que se nos castiga. Anoche, ese ser llamado Mario Silva mostró en cámara una agenda que —según él— es la del dirigente estudiantil Stalin González. Señaló la primera página en la que se ve el nombre de González y mostró algunos apuntes en los que figuran un encuentro con una funcionaria de la embajada de EEUU y otro con un sindicato de transportistas. Dos cositas. Una, ¿cómo es que este tipo hace fiesta por una agenda robada? Porque fue que la sustrajeron de algún sitio. Dos, si no se la robaron, entonces estamos viendo un montaje. Como para tratar de fregar al líder estudiantil por algún lado. ¡Qué asco!

Mientras tanto, hoy el presidente nos regaló otra de sus insufribles cadenas de radio y TV. Por suerte no la vi, pero sí leí unos resúmenes en los que se deja constancia de lo que dijo: en dos platos, se acabó la autonomía administrativa dentro de los organismos del Estado. Centralización pareja, pues. Lo triste es que prácticamente no hay oposición. Ni en el caso de los estudiantes ni en el de esta monstruosa concentración de poderes, nadie ha salido al paso a decir “Un momento, señores. Hay que frenar esto”. Y antes de que me digan que soy golpista, por “frenar” no quiero decir “magnicidio”.

¡Qué porquería de gobierno, definitivamente!

domingo, junio 10, 2007


Entre pústulas, concesiones y estudiantes



Ya pasaron dos semanas desde que nos quedamos sin la señal de RCTV. Todo por un arrebato de malcriadez e insolencia de un hombre al que el poder se le ha subido irremediablemente a la cabeza.

Desde el 28 de diciembre hasta ahora, se le ha buscado explicación al cierre del canal, más allá de la acusación de “golpista” esgrimida por el Presidente a fines de diciembre. Entiéndase, una explicación que tenga bases jurídicas. Que tenga bases, punto.

Ya se han dado las razones por las que no basta decirle “golpista” a un canal para cerrarlo. Hugo Chávez ha dicho hasta la náusea que RCTV y los demás canales privados apoyaron los hechos del 11A al dividir en dos las pantallas mientras él hacía su cadena y en la calle se producía un derramamiento de sangre. Y que reincidieron en su golpismo durante el vergonzoso silencio informativo que esos mismos medios tuvieron durante los días siguientes.

Punto por punto: lo más seguro es que todos estemos de acuerdo en ese silencio informativo fue un error terrible por parte de los medios privados. El llamado “blackout” no hizo más que dar argumentos a los revolucionarios, algo que los canales de TV no necesitaban. Desde entonces Chávez no ha hecho más que estigmatizarlos y restregarles en la cara ese paso en falso. Y lo que falta.

Pero eso no es suficiente para quitarle la concesión a un canal de señal abierta. Tampoco sirve la excusa de la mala programación: para eso tengo el control remoto. En todo caso, se le pudo haber abierto un proceso judicial a los dueños o a los responsables de transmisión durante el 11A por haber caído en las omisiones de noticias de esos días. Seguro que hay maneras de hacer eso, sobre todo en un régimen que si no tiene leyes se las inventa a la medida. Eso habría sido preferible (y habría mantenido el barniz de democracia) al despojo de la licencia y el arrebato de las repetidoras. Ahí de verdad se le fue el yoyo al hombre.

¿Qué ha pasado desde entonces? Lo primero fue la sensación de que una purulenta presencia se infiltró en nuestras casas y nos echó a perder el televisor, con o sin cable. Nuestra intimidad fue groseramente invadida y se nos quitó el derecho a elegir qué ver por la tele. Esto también se ha mencionado hasta el hartazgo: no se defiende a un canal, una empresa, ni mucho menos a un empresario (Me das asco, Cisneros. Y Granier no me resulta 100% de fiar). Lo que se defiende es un derecho que nos corresponde a todos, seamos rojos rojitos o no.

El ánimo de la gente ha recorrido todos los matices posibles. La pantalla en negro le arrancó lágrimas a más de uno y provocó accesos de frustración en unos cuantos. Si algo bueno tuvo el cierre de RCTV fue el punto de coincidencia entre chavistas y opositores. Bien que lo dicen Datanálisis e Hinterlaces en sus respectos estudios de opinión sobre el tema.

Todo parece indicar que Hugo Chávez sobreestimó su poder y su ascendente sobre las masas. Creyó que iba a cosechar aplausos por doquier con el cierre (¡¡Sí, cierre, coño!!) de RCTV pero no sólo no ocurrió eso sino que esta vez las protestas surgieron de un sector que hasta ahora se había mantenido relativamente al margen del conflicto: los estudiantes.

Haciendo gala de organización, entusiasmo y astucia, los jóvenes se han encargado de llevar la batuta en las protestas desde antes que el canal fuera silenciado. En la marcha de la pancarta hecha en Caracas, muchos estudiantes estuvieron en la calle haciendo compañía a los periodistas ese día. Las trancas a las entradas de las universidades fueron apenas el inicio de lo que vendría. Una respuesta tan enérgica e inesperada que el gobierno no supo cómo manejar.

Marchas, concentraciones, protestas, estuvieron a la orden del día. La respuesta oficial fue la de siempre: son lacayos del imperio, son títeres de los políticos viejos, los están usando como carne de cañón, no saben por qué están luchando, son jóvenes sin alma, los discursos se los escriben otras personas. ¿Me río o le tiro un zapatazo al televisor cada vez que sale una pústula, perdón, un diputado del PSUV?

La última y más genial cachetada de los estudiantes fue el jueves, en el hemiciclo del Parlamento. Desde el principio, los jóvenes habían dejado claro que lo que querían era un derecho a réplica. Desde las filas del oficialismo se dijo que eso era un debate y como tal se organizó un acto en la Asamblea Nacional. Diez estudiantes del oficialismo “debatirían” con diez no oficialistas (Otra vez esa condenada división, qué empeño) en la AN, pero ojo: que los oficialistas tendrían barras apoyándolos y de paso podrían utilizar el sistema de video interno del parlamento para poner documentales de quién sabe qué cosa. ¡Igualdad de condiciones pero bien fina! La mesa servida para la emboscada, con todo y cadena nacional.

Los “lacayos del imperio” se olieron la gracia. Leyeron un discurso bien articulado y sin desperdicio. Advirtieron que no iban a debatir ese día ni en ese lugar. Y Yon Goicochea lo terminó de rematar al anunciar que, habiendo dicho el discurso y escuchado a una estudiante del bando contrario, se retiraban. La pataleta de Cilia Flores fue espectacular; lo que le faltó fue echar espuma por las hemorroides. Pero lo que demostró que todavía se están sobando fue la cadena de Chávez esa misma noche. Ahí quedó la sensación de que el Presidente estaba tratando de subir la moral a sus estudiantes.

¿Qué queda de todo esto y hacia dónde vamos? Es difícil hacer predicciones sobre un tema tan complejo, como todo lo que involucra la política venezolana. Muchos han querido ver en estos estudiantes a una nueva generación del 28. Han transcurrido sólo dos semanas de protestas y es apresurado hacer una comparación de ese tipo, pero lo cierto es que los estudiantes han hecho gala de gran inteligencia, creatividad e independencia de criterios a la hora de protestar. Además, ellos han entendido que el cierre de RCTV sirvió para reclamar otros derechos aparte de la libertad de expresión.

Por lo pronto, no queda sino esperar cómo se desenvuelve el panorama. Y ojo, es muy importante no abandonar ni la calle ni a los estudiantes. Hasta ahora, ellos han cargado con el peso de las protestas sin que los demás sectores de la población se sumen. Eso no es justo porque al fin y al cabo lo que se exige es el respeto a unos derechos que se nos han pisoteado a todos por igual, estemos en un aula de clase o no. Además, a veces da la sensación de que la gente ha caído en el terreno que quería el régimen: el de la apatía y la resignación. Esto es peligroso puesto que equivale a dar un cheque en blanco a las cúpulas para que aceleren a fondo en sus pretensiones. Tal cosa no puede ser una opción, sobre todo ahora.