jueves, mayo 17, 2007


De Todo un Poco (VII)

Un chinazo

La loca estresada de otros posts estuvo un año fuera del país pero ya volvió y volvió jodiendo. Con una leyenda negra de estrés a cuestas, que hace que varios de nosotros le huyamos a la hora de trabajar en equipo.

Así fue la semana pasada. Estábamos en clase de una materia en la que todas las semanas hacemos prácticas en el aula. Esas prácticas suelen ser en pareja y todas las semanas el profesor procura que no repitamos compañeros de equipo y nos rotemos. TF —así llamo a la loca— llegó tarde y no hallaba con quién hacer la práctica. Vio a mi pana RJ y le pidió hacer equipo con él. Lo bizarro fue como se lo pidió:

— ¿Ya tienes pareja o quieres hacerlo conmigo?

O_o ¡¡¡TOING!!!

Filippo

Salgo del trabajo muerto del hambre, un pelo molesto porque quería llegar temprano a casa a descansar y preparar unas cosas con tiempo pero bueno…

Nada, de una hora extra no se muere nadie. Me voy directo al carrito de perros de Filippo, que está a un costado de la plaza Francia. Es casi un tiro al piso porque sé que nunca está demasiado lleno y eso me garantiza que me atenderán rápido. Le pido un perro a Filippo, no pasan 3 minutos y me lo da. Me lo como con hambre, casi con desesperación; no me aguanto y le pido una hamburguesa.

¡Uffffffff, qué buena! Nunca he sabido qué hace tan adictivos a los asquerositos de Filippo porque son muy básicos. Casi perros de carrito de piñata: la salchicha, el repollo, la cebolla y las salsas. Cero papitas fritas, cero aditivos. Lo que ves es lo que hay y ya.

Igual pasa con sus hamburguesas: el carrito de Filippo está desvencijado y ni plancha tiene, así que él llega con su cargamento de hamburguesas previamente preparadas y las mantiene calientes. Son mínimas y los panes con los que las hace también son muy pequeños. Nada de papas fritas, sólo el repollo, la cebolla y las tres salsas. Y un solo tipo de hamburguesa. No les agrega tocineta, aguacate, huevo frito ni nada. Bien sencillas. Baratísimas, eso sí. Y olvídense de los refrescos. Jugo de piña y más nada. Bien frío y gustoso, por supuesto.

Igual de sencillo es Filippo. Es un señor bastante mayor, seguro debe tener más de 65 años y menos de 75. Como suele ocurrir con los extranjeros que llegaron a Venezuela y se fajaron a trabajar apenas llegaron, él habla mal el español pero eso no le impide hacerse entender con la gente. Y nunca rehuye una conversación a pesar de ser una persona más bien callada. Llegó hace más 40 años a Venezuela y desde entonces no ha hecho otra cosa que trabajar, casi siempre en lo mismo: hacer sus perros y hamburguesas.

Éxito no le falta. Su carrito no se explotará de gente, como es lo habitual en otros puestos de asquerositos. Pero el flujo de clientes nunca decae y a todos los atiende con la misma diligencia. Hasta a un turista, que hablaba mal el inglés y peor el español, lo atendió rápido y sin equivocar el pedido.

El turista, un muchacho asiático, se valió de señas para pedirle un perro y le dijo algo así como “Yo quiere uán jot dog”, pero sin salsa picante. Filippo, con gesto adusto, se lo empezó a preparar cuando llegó otro cliente con idéntico pedido. Filippo le contestó “Ya va, que le toy preparando un uán al amico acá” y sonrió. El chamo se comió su perro, lo pagó y se fue feliz.

De lo único que el señor no habla es de política. Dice que no le interesa ese tema ni las discusiones que se producen por tal o cual tendencia. Lo de él es hacer sus asquerositos y venderlos. Llega en su Wagoneer azul vieja al caer la noche, se instala en la vieja parada de autobuses que hay en la avenida que baja al lado de la plaza Francia y a fajarse se ha dicho. Con sus asquerositos simples y adictivos y su forma de ser, ya Filippo forma parte de esos personajes de esta ciudad de los que todo mundo se acuerda. Y mejor paro el cuento aquí antes de que empiece a parecerme a Valentina Quintero. ;) Visítenlo cuando puedan.

Y ya empezó el moqueo…

…por lo menos para mí. Hace un par de días hubo un acto de despedida para quienes estamos cerca de graduarnos. Duró algo más de tres horas, sazonadas con breves discursos y videos de esos que hacen rememorar experiencias pasadas. Los que asistimos nos reímos, aplaudimos, echamos pestes contra algunas autoridades (eso no se pela nunca) y ya al final, un profesor de Filosofía nos pidió cerrar los ojos y concentrarnos en sus palabras. Mala idea, porque nos pidió recordar a la gente que nos acompañó y animó durante nuestros cinco años en la universidad, y eso siempre nos hace llorar. Pero llorar a lo grande; imagínense un Aula Magna a oscuras, llena de graduandos llorando y moqueando. Ya la nostalgia se acerca, lo mismo que el final de una etapa muy bonita, a pesar de las infaltables dificultades. Y las lágrimas seguirán hasta su clímax en el acto de grado. En febrero/marzo de 2008 es la cita.

Para terminar…

La ausencia del blog se explica en parte por la pila de vainas que tengo pendientes. Ofrezco disculpas por eso, porque a veces ni siquiera me provoca escribir por acá. Si de paso agregamos que la musa está de un necio últimamente, ni hablar. Vamos a ver si vuelvo a postear pronto y me lanzo con un cuento por acá o algo. Mientras tanto, seguiré comentando los blogs de los panas cuando pueda. See you…