martes, junio 27, 2006


Recordando...

Hace dos días mi mamá se fue de viaje por unas diligencias que tiene pendientes. Mi papá y yo fuimos con ella al terminal de buses y mientras esperábamos a que llamaran a abordar, me puse a contemplar la gente. Vi varias escenas que me recordaron vivencias pasadas.

A un lado veo una pareja que acaba de juntarse. La muchacha acaba de llegar de Mérida y él fue a recibirla. Se fundieron en un abrazo que parecía no terminar nunca. En ese abrazo —largo, tierno, cálido y lleno del más hermoso amor— quedó traducido el final de una espera, con todo y la ansiedad que siempre rodea a las parejas separadas que saben que se van a ver de nuevo.

El abrazo dio paso a un beso igualmente largo y luego él fue a buscar el equipaje de ella. Por último, se tomaron de la mano y abandonaron el terminal. Esa parejita era toda sonrisas y felicidad. Ella comenzó a contarle cosas de su viaje, o al menos eso supongo yo. Ambos hablaban como si les hubiesen quitado un tapón de la boca. Una de esas escenas que uno ve y se siente contagiado de la felicidad que ambos emanan. De más está decir que sentí sana envidia al verlos así de felices.

Y claro, la otra cara de la moneda se me apareció a pocos pasos. Otra pareja, pero en este caso se estaba separando. La despedida no podía ser más dolorosa. Ella estaba congestionada por el llanto. Ambos se abrazaban como si quisieran que ese abrazo les durara hasta que volvieran a unirse. No se despegaban para nada. Él la acompañó a ella al cafetín del terminal a comprar chucherías para el camino. Él la miraba con una tristeza inmensa y ella se mordía los labios para no llorar más. Deambulaban por el área del terminal, no se sentaban, permanecían de pie en un sitio, luego caminaban a otro lugar, se miraban, conversaban... Hacían cualquier cosa con tal de olvidar qué hacían allí.

Así mataron el tiempo hasta que por los altavoces se oyó el llamado para subir al autobús. Ahí ambos terminaron de desarmarse y el último abrazo fue el más largo de todos. Ella se puso roja, totalmente trancada. Lágrimas iban y venían. Así duraron varios minutos hasta que el llamado se repitió y él fue con ella hasta la cola de pasajeros que se montaban. Un último beso, una última señal de adiós por parte de ella antes de desaparecer en las entrañas del autobús. Él se quedó en el andén a ver el vehículo que arrancaba y alejaba a su media naranja de él.

Cuando el autobús desapareció en la oscuridad de la noche, él embutió las manos en sus bolsillos, dio media vuelta y se fue del terminal. Caminaba arrastrando los pies y cabizbajo, como si la partida de su chica le hubiera puesto una carga gigantesca en los hombros.

Ambos cuadros me hicieron recordar mi propia situación hasta hace poco más de un año, cuando aún tenía novia. Fue una relación a distancia y ambas escenas las vivimos a cada rato, hasta que ya, hasta el hartazgo. Los reencuentros eran superamorosos y las despedidas, desgarradoras. Con abrazos, besos y miradas, tanto en las llegadas como las despedidas. Cada vez que yo iba a Barquisimeto, el corazón se me aceleraba a medida que mi autobús se tragaba los kilómetros de por medio. Y cuando el día de mi partida se acercaba, me amargaba más y más hasta que cuando me iba, sentía que algo se me rompía por dentro. A ella le pasaba igual, no sólo cuando yo me tenía que alejar de ella, sino cuando ella venía a Caracas y debía irse.

Vi estas dos parejas en el terminal, recordé cómo era mi propia vida hace tiempo y las reflexiones salen sin querer. No extraño para nada esa situación y en serio no volvería a vivir algo así ni muerto, ni gratis ni que me paguen. Los amores a distancia son muy bellos e intensos pero hay que ver cómo se sufre por ellos.

El tiempo que uno pasa al lado de la novia nunca es suficiente. El tiempo de separación se hace largo. Exasperantemente largo. El único modo de comunicación posible son los mensajitos de texto. No porque el teléfono no sirva, sino porque los textos permiten un contacto más constante. Pero igual, hay cosas que a la larga obstinan y eso fue lo que me pasó a mí al final. La distancia es demasiado grande, las inseguridades afloran de lado y lado, y el amor termina por morirse. Ni modo, cosas de la vida.

Lo que sí extraño es la ansiedad que me producía el viaje de ida, de reencuentro. La sensación es única, no hay nada que se le compare. Supongo que uno siempre se queda con lo bueno de esas experiencias y desecha lo malo. Sé que esa ansiedad es la misma que se siente cuando sabes que estás frente a alguien que te ama como tú a ella, que es capaz de dar lo que sea por ti, igual que tú por ella. No hay nada como querer a alguien que te quiere igual y que además se deja querer por ti.

Quién sabe, a lo mejor el día de mañana me volveré a encontrar con algo así y ni me lo sospecho. Ojo, disfruto muchísimo mi actual soledad; todo el que me conoce sabe lo ermitaño que soy y lo que me encanta pedir espacio y tiempo para mí. Pero qué se hace, a veces a uno se le doblan las piernas y se pregunta "¿Qué tal si volviera a probar a ver si me va bien y consigo otra mujer?".

Total, uno no sabe qué va a pasar el día de mañana.

Disculpen tantas pacas de paja en un solo post. Cuando me pongo reflexivo, los tapones se me vuelan y la cosa es peor si tengo un teclado por delante, jejeje! Y ahora que releo mi post me doy cuenta de que me hacía bastante falta escribir lo que me rondaba la cabeza. Cuídense y nos leemos.

viernes, junio 23, 2006


Zarpando...

El barco está zarpando. Ya RJ y yo levamos anclas: hoy hablamos con uno de nuestros dos candidatos a tutor. Desde hace RJ estaba haciendo fuerza por él y yo, escéptico y terco, insistía en que nos aguantáramos, que primero teníamos que hablar con ambos candidatos antes de decidirnos.

Bueno, hoy hablamos con el primero. Y lo más seguro es que ése sea el hombre. Está enchufadísimo con la alta tecnología aplicada al periodismo, cosa que ya yo sabía porque él fue mi profesor de informática durante todo un año. Lo que no sabía es que ha sido tutor de unas 20 tesis que tienen que ver de un modo u otro con la red y el periodismo. Y la nuestra es la primera tesis que abarca blogs y periodismo, así que está entusiasmado. Le gustó nuestro anteproyecto, hizo unas cuantas observaciones de rigor y nos mostró ángulos del trabajo que nosotros no habíamos considerado.

A RJ y a mí se nos abrían más y más los ojos a medida que él nos iba diciendo "Pero se pueden meter por aquí, por aquí o por acá..." o "Esta parte la pueden explotar haciendo entrevistas así o asá" o "Esto y esto les puede ser de mucha ayuda". Total que el posible tutor nos ensanchó las posibilidades y ahora RJ y yo estamos con la boca hecha agua, con muchas ganas de arrancar, convencidos de que elegimos un excelente tema y desesperados por empezar a investigar un cerro de cosas en vacaciones. Maldito semestre, ahora quiero que termine para tener más tiempo libre e instalarme a buscar, leer, clasificar, hacer arqueos... YEAAAAAAAAAAHHHH!!!

Perdonen el carácter excesivamente personal y cerrado del post. Culpa del entusiasmo. Seguiremos informando.

miércoles, junio 21, 2006


Periscopio fuera

Saqué un momentico el periscopio para que sepan que sigo vivo... a duras penas.

Hoy entregamos el avance del anteproyecto de grado. Léase, un bosquejo de lo que vamos a hacer para nuestra tesis, con su correspondiente exposición de motivos, objetivos generales y específicos, un planteamiento preliminar del problema y todas esas menudencias que me hacen odiar a los metodólogos. Anyway...

Voy a hacer la tesis la tesis en equipo. Mi pana RJ fue el del tema y ahí me pegué. Para variar, tiene que ver con la blogósfera: Influencia de los blogs en el periodismo venezolano. ¿Qué significa lo anterior? Primero, que ya nos montamos en el barco. Segundo, que es muy probable que en algún momento de mis dos últimos semestres me ponga a encuestarl@s a todit@s ustedes, panas que me leen y tienen a bien comentarme los posts (Khabiria, es especialmente contigo, por ser periodista y tener dos blogs).

Y bueno, por ahora eso es todo lo que tengo que contar aquí. Mis próximas dos semanas van a ser sumamente congestionadas en términos académicos. Eso significa que seguiré en este régimen de posts ocasionales hasta que salga a vacaciones. Ahí podré volver a postear como antes. Mientras tanto, un abrazo a los panas y un beso a las chicas. See you...

domingo, junio 11, 2006


Luna llena

Según algunos estudios científicos —unos más serios que otros—, hay personas cuyo comportamiento se hace agresivo en noches de luna llena. Quizá esto obedezca, más que otra cosa, a la influencia del cine con sus películas de vampiros y hombres lobo. Se dice que en las noches de luna llena aumentan los suicidios y también que los enfermos mentales se alteran más cuando la luna brilla completa. Según eso, yo debo tener algo de lunático: a mí la luna llena me relaja.

Anoche me quedé dormido en la cama de mi mamá mientras veía televisión. Caí como un tronco, ya ni me acuerdo a qué hora. Lo que sí sé es que a las 2 a.m. me desperté y me fui a mi cama. A oscuras, cubrí la distancia entre el cuarto de mi mamá y el mío, que estaba iluminado por una espectral luz. No lo recordaba, pero había dejado abierta la cortina y la luz de la luna lo bañaba todo a esa hora.

Me asomé. El cielo estaba despejado, no había una sola nube. Hacía tiempo que no lo veía así de limpio. Y en lo más alto, la luna.

Me quedé hipnotizado por unos cuantos segundos. Ahí estaba, redonda, perfecta, serena. Hacía algo de frío, pero era tolerable. Todo alrededor tenía un brillo argénteo, fantasmal, casi etéreo. Reinaba un silencio casi palpable. Ni siquiera los murciélagos revoloteaban a esa hora, ni chillaban para orientarse en su vuelo. No soplaba la más mínima brisa. Todo parecía haberse detenido para admirar —como yo lo estaba haciendo— el brillo del disco lunar, al que no lo tapaba una sola nube. Lo único que sonaba a esa hora era el ronroneo del ventilador de mi cuarto.

Eché una mirada a los edificios que están al lado del mío. Había muy pocas luces encendidas a esa hora. Mientras todo el mundo le daba descanso a su cuerpo, yo se lo daba a mi espíritu gracias al brillo de la luna. Respiré profundo varias veces y dejé que mi cuerpo se relajara cada vez más. Así duré algo más de media hora. Veía la luna, echaba un vistazo al paisaje y mis ojos se iban imantados otra vez al satélite. Con cada respiración, me daba cuenta de lo tranquilo y feliz que estaba.

Veo el reloj de mi cel. Llevo una hora exacta pegado a mi ventana viendo la luna y ahora sí siento que el sueño me gana la partida. Sin embargo, no quiero irme a la cama sin echarle una última mirada a la luna. No me he dado cuenta de que hay una sonrisa de oreja a oreja en mi cara. La parte racional de mí me recuerda que tengo un informe que entregar esta semana, que dentro de poco debemos entregar un manual de estilo, un reportaje y el proyecto de grado. ¡Bah, qué carajo! Este rato me lo regalé y nadie me lo va a poder quitar. Me hizo muchísimo bien quedarme mirando la luna todo este tiempo. Fue la hora mejor invertida de esta semana porque me la dediqué a mí.

"¿Lunático? No sé y realmente me importa un comino si lo soy", pienso una vez que me he metido en la cama. Estoy feliz, tranquilo, en paz. No tenía ni idea de la falta que me hacía dedicar un poco de tiempo a algo tan simple como contemplar la luna llena en una noche despejada. Mañana será otro día.

jueves, junio 08, 2006


A l@s lector@s

¡Hola, gente! Disculpen el tiempo de silencio prolongado. Entre el trabajo y las semanas finales del semestre, quieren volverme loco o matarme. ¡¡Pero no lo lograrán, buajajajajajajajajaaaaa!!

Eso significa que hasta nuevo aviso no voy a postear nada aquí, a menos que tenga mucho, muchísimo tiempo de sobra. Discúlpenme esa y nos vemos en un mes... Espero.